Shibuya y Akihabara: Tokio en vena

Porque si te gusta algo, ¿por qué no hartarte?

Hoy, ya prácticamente recuperado del resfriado salvaje de estos días ya si me he dado mi vueltecita por Tokio tal y como tenía previsto. He visitado dos de los barrios que más me gustaron cuando vine en 2017: Shibuya y Akihabara.

El cruce más intenso del mundo

Shibuya es otro de los barrios de Tokio donde no falta de nada: hay gente hasta aburrir, restaurantes por todas partes, rascacielos y tiendas con altavoces en la puerta que te invitan o a entrar, o a tomarte un cubata. Yo me he decantado por darme un pedazo de paseo por los alrededores; además de casualidad estaban inaugurando una tienda de Nintendo en un centro comercial recien abierto y me dije, ¿por qué no verlo? Aquí las nintendos crecen en los árboles después de todo.

UN MOJÓN PA MI

Si en Sevilla la gente es novelera cuando abre un centro comercial, imagináos aquí donde allá donde vayas, todo es gastar. Serían sobre las 10.30 cuando llegué a la puerta; me habían dado hora para las 15.30. También tenía la opción de pagar 400 yenes y adelantar un poco. ¡Pagar por entrar en una tienda! No lo haces en Cartier, lo vas a hacer en Nintendo.

Lo cierto es que a mediodía me encuentro algo cansado (estoy curado, pero renqueante) así que me vuelvo al alojamiento a comer algo, descansar un poco y seguir con mis paseos. Efectivamente, me sientan de maravilla y me dispongo a visitar otro barrio que me encantó la última vez: Akihabara.

El barrio de la tecnología retro

En su día, Akihabara fue la meca mundial de la electrónica de consumo, así como de las reparaciones. Encontrabas tiendas de componentes electrónicos allá donde fueras, piezas, recambios, cables…Hoy se han convertido en cables, cargadores, baterías, enchufes y software electrónico como móviles, tablets y ordenadores de todo tipo, sobre todo orientado al juego. Hay tiendas enteras que venden productos exclusivos para gamers, desde auriculares profesionales hasta sillones ergonómicos. Casi me duermo probando uno, de hecho.

Pero hubo una tiendecita que me enamoró. Una pequeña, con una SuperNintendo con el Street Fighter en la puerta para jugar un rato. Vendían GameBoys de todos los tipos, desde las tochas grises hasta las plegables. Yo tuve unas cuantas; la grande y gris, la Color, luego una DS…con un triste final que ya os contaré. Mirad la tiendecilla:

Era prácticamente como tener 12 años otra vez, pero teniendo dinero para comprar cosas. No me he cogido una GameBoy Color porque costaban setenta eurazos, que si no se venía conmigo de vuelta. Ya tengo una buena tablet y un mejor PC como para gastarme ese dinero en videoconsolas que no voy a usar a diario..

Y con esto termina mi visita a Tokio. No la he vuelto a explorar en profundidad porque tengo claro que vendré más veces, y seguramente la próxima sea más profunda e interesante que este paseo de dos días, que era más un trámite. Mañana visito mi última ciudad antes de abandonar Japón: Osaka, donde os recuerdo que me alojaré en un ryokan (alojamiento típico japonés) y haré un estupendo curso de cocina que pienso mostraros paso a paso.

¡Buenas noches viajeros!

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