Seúl: karaoke y comida non-stop

La persona que me dijo que los coreanos eran los andaluces de Asia tenía razón.

Taiwan la verdad es que me ha sorprendido, y para bien. Sinceramente, en mi cabeza tenía algo en plan Tailandia, turísticamente masificado y muy «básico»; en absoluto. De hecho me ha dado la sensación de ser un país «poco accesible» al turista, y con ésto me refiero a como cuando fui a Java y había pocos carteles traducisdos a inglés, por ejemplo.

El tránsito de un país a otro, sin problema. Embarques rápidos y cómodos. Encima me equivoqué y pensaba que el vuelo duraba dos horas y media, cuando en realidad era una hora + cambio de hora, porque Corea tiene una hora más respecto a Taiwán, +8 respecto a España.

Una llegada tardía y un restaurante 24 horas que nos salvó la vida

Llegamos a Incheon, lo dicho, con una hora de adelanto para mi sorpresa. Un tránsito rápido, no tardamos en dar con el bus que nos dejaba lo más cerca posible de nuestro hotel, que por cierto ha sido un puntazo porque está cerca de tres líneas de metro, un mercado y varios de los grandes monumentos de Seul. StayB Hotel se llama, cuando haga el checkout haré una review propia en la sección «Homestay» del blog.

El caso es que el vuelo llega casi a las 22.30, y llegamos al centro de Seul a las doce de la noche largas. Para nuestra suerte y desconocimiento, en Seul hay restaurantes (RESTAURANTES) que abren día y noche, y tenemos uno justo enfrente del hotel. De cabeza que nos vamos, obviamente. El bar es pequeño, contará con unas diez mesas apretadas entre si, apenas hay cuatro comensales. La señora que nos atiende es pequeña, robusta y fuerte como un taburete de seis patas, no habla ni siquiera un atisbo de inglés pero nos hacemos entender, y ella también. Pedimos los platos que más nos entran por los ojos, aunque en ese momento por los ojos nos hubiera entrado un mulo mojado en azúcar sin problema. Dos aperitivos, dos cuencos de caldo, dos platazos, agua del grifo, 14.000 wons coreanos; apenas 10 euros.

Cruzamos la calle y volvemos al hotel. Nos dan las dos de la mañana pero el cansancio nos come y aunque planeamos levantarnos pronto para el desayuno, el cuerpo no cumple y nos dan las diez de la mañana. Empieza, de verdad, nuestra visita a Seul.

Templos, palacios y mercados

Empezamos la visita con un pequeño tour por dentro de uno de los templos más grandes de Seul que, veréis, para un sevillano acostumbrado a tener la catedral católica más grande del mundo a diez minutos andando de su casa pues…no es una locura. No fue como cuando visité el Templo del Daibutsu de Nara, que te deja con la boca abierta porque es materialmente imposible que esa estructura de madera se sostenga en pie.

Los templos y palacios coreanos han sido destruidos, recontruidos, destruidos de nuevo, levantados de nuevo una y otra vez. La sobriedad los delata, son edificios sencillos pero nobles, parcos en detalles pero ricos en historia. Llaman la atención, pero tienes la sensación de que visto uno, vistos todos. Obviamente eso ocurre porque sólo voy a pasar tres días en Seul, y me queda uno y medio como quien dice antes de partir hacia Japón; si tuviera dos o tres más exploraría más edificios históricos a fondo.

Visitamos otro de los grandes palacios coreanos más relevantes, recordemos que Corea del Sur (Corea, en general, ambas) eran una monarquía hasta principios del siglo XX en la que la ocupación japonesa supuso un cambio de sistema gubernamental hacia una república. Si ha sido para mejor o para peor, se lo dejo a los demás.

En el palacio tuvimos la misma sensación; sobriedad pero elegancia. Había bastante gente vestido con los trajes típicos haciéndose fotos aquí y allá. Más tarde nos dimos cuenta de que alquilaban los trajes para dicho propósito, algo que inmediatamente me llevó a Sevilla a cuando en marzo, en el hotel, llegan decenas de solicitudes de gente alquilando trajes de flamenca para ir a la Feria en condiciones y con todo lujo de accesorios. No están tan distantes Corea y Sevilla al final.

Winter is coming

Si Jon Snow os convenció de que en Westeros hacía frío es porque no conocía Seúl. La previsión es de 4ºC de máxima y -2ºC de mínima; se cumplen con creces. Creo que jamás he pasado tanto frío en una ciudad. Nos hace refugiarnos en un restaurante de ramen cercano que me da toda la vida. Fijáos qué maravilla y os juro que jamás un plato me ha sentado tan bien como éste:

Tras el plato vino el palacio , vuelta al hotel a recuperar la circulación sanguínea y el color de la piel y caminamos hacia uno de los tres grandes mercados nocturnos con los que cuenta Seul. Tiene forma de cruz, al menos en la zona de comida, y es un auténtico espectáculo. Qué olores, qué trajín de gente aquí y allá, qué orden, qué limpieza, qué maravilla. No sabes donde sentarte por mucho que te griten esas mujeres tras los mostradores. Al final nos da igual y pillamos sitio en una especie de puesto de comida cuadrado con Maricarmen y Marijose al mando. Atención.

Las panzas estaban a medio llenar así que aún dejamos hueco para unos rollitos de arroz y verduras con mostaza que ni siquiera cuestan dos euros y que entran fáciles. Ligeros y picantones, maravilla. Aún por el camino le meto mano a algún tentempié, pero no tiene mucha más relevancia del hecho de que fuese mozzarella frita.

Con esas, aún volvemos al hotel, cogemos temperatura y nos bajamos a una calle cercana a tomarnos un par de cervezas y hablar de las cosas que imaginamos que serán reales dentro de diez años, que quizás nunca existan pero que justo ahora mismo, son las más ciertas del mundo.

Mañana visitaremos el mejor mirador de Seul, y aún le daremos otro repaso a los mercados nocturnos y las zonas de más vidilla de la ciudad. Como dijo la gran Lola Flores, si me queréi, QUEDARSE.

¡Buenas noches viajeros!

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