Taipei: entre modernidad y tradición

Una tradición «made in China».

Taiwan es una isla grandecita frente a la costa occidental de China, así a ojo entre China y Japón, con una curiosidad nada más conocerla: su nombre real es «República de China». Si, «de China», aunque políticamente no tengan nada que ver. Pero ahora habréis ido corriendo a la Wikipedia para saber si lo es o no y habréis confirmado, efectivamente, que hay dos Chinas y que la grande se llama «República Popular». Y tiene su porqué.

¿República de China? ¿República Popular de China? ¿QUÉ?

Os resumo en un par de frases: en los años 40 se empieza una guerra civil en China entre los seguidores del Partido Comunista y el Partido Nacionalista. Perdió el nacionalista y tuvieron que exiliarse en Taiwan. Como el comunismo prácticamente arrasó con tradiciones, religiones, cultura local y similares, digamos que toda la cultura china acumulada hasta entonces se conserva «medianamente bien» en Taiwan.

Aclaro: obviamente habría muchio que explicar al respecto, pero esto es un blog de viajes y no de historia. Si alguien se anima en los comentarios, a su casa viene. Eso si, si vienes buscando gresca al respecto bloquearé los comentarios y te llevarás de vuelta una gran

Más dumplings y un reencuentro

Llegamos a un aeropuerto cercano a Taipei y gracias a mis anfitriones de AirBnB ya sabía de antemano cómo llegar hasta el apartamento que habíamos reservado: «Planta baja, CitiAirBus, 1962 hasta Banqiao, luego taxi hasta piso» y aparece una dirección en mandarín. Claro no, cristalino vaya. Seguimos las instrucciones y entre una cosa y otra aparece un mensaje salvaje:

«Oye, que me avises de que a qué hora sale tu bus que vamos a recogeros». Puntazo. Vemos venir al majísimo matrimonio formado por Melissa y Yoshiro en un coche hacia las puertas de la estación, nos hacen señas con grandes aspavientos y nos ayudan con las maletas. En todo el trayecto Melissa no ha parado de charlar y reír, me recuerda a la china que regenta el comercio de la Plaza de San Marcos. Del estilo, pero más achuchable. Nos trae al piso y nos lo enseña en un santiamen; es agradable, amplio, cómodo y no lejos del metro para llegar al centro de la ciudad en un cuarto de hora. Acierto.

Recien llegados y después de haberme levantado sin saber yo el porqué a las cinco de la mañana, el cuerpo nos pedía un poco de descanso antes de salir a buscar a una gran personita: Scarlett. Es autóctona taiwanesa pero habla español estupendamente, trabajó conmigo en el hotel como recepcionista, pero sus prácticas y demás se terminaron. Volvió en verano a Sevilla unos días, nos volvimos a ver y le avisé de que vendría; y aquí estoy.

Mercados nocturnos asiáticos, qué más se puede pedir.

Salimos de casa buscando picar algo rápido y damos con un puestecito de dumplings a las espaldas de casa. Un sitio donde por cierto, descubres que en Taipei casi nadie habla inglés, no hay apenas cartelería para extranjeros y tampoco te pongas a buscarlos porque no los necesitas. Aunque seas extranjero y te vean raro, no te van a negar comida y ayuda si la pides, aunque sea por señas.

Volviendo a los dumplings, es de las pocas veces que los he visto hacer a mano aparte de en Nepal y cobrarlos tan baratos; diez piezas no llega al euro cincuenta, más o menos.

Riquísimos y baratos, poco más se puede pedir. Y que el dueño apenas supiese decir los números en inglés y se esforzase en atender es para clavar la rodilla en el suelo.

Dejamos el restaurante atrás, nos metemos en el sencillo metro taiwanés y llegamos a LongShao Temple, donde Scarlett nos saluda con efusividad y nos presenta a su novio y a su amigo. La primera parada es el templo de LongShao, que se alza ante tí desde el siglo XVIII con orgullo y refinamiento. Algunas curiosidades del templo han sido, por ejemplo, que de sus tres puertas principales sólo se utilicen las de los lados; la de la derecha para entrar, y la de la izquierda para salir. La del centro queda reservada a los dioses.

Y por otro lado, un curioso juego de adivinación llamado «Bwa Bweh» y que consiste en lanzar tres trozos de madera en forma de luna al suelo mientras se formula una pregunta de si/no; según como caigan, así será la respuesta.

Foto cortesía de http://folklore.usc.edu/?p=11420

Entonces resulta que las respuestas pueden ser:

  • A. Una bocaarriba y otra bocaabajo; es un SI. Debe aparecer tres veces para confirmarse.
  • B. Las dos bocaabajo; es un no y encima, Buda está cabreado contigo por preguntarle semejante estupidez.
  • C. Las dos bocaarriba; también es un no, pero esta vez Buda sólo se está descojonando de ti.

A mi ésto me ha parecido algo absolutamente maravilloso. Todo el templo en si lo es. Mirad qué lugar tan mágico.

Continuamos nuestro paseo a uno de mis lugares favoritos de las ciudades asiáticas: su mercado nocturno. Ayer estuvimos en el de Hong Kong, hoy le toca a Taipei. Resulta que el prtimero es prácticamente una miniatura comparado con el taiwanés, salvo que en realidad en el segundo de mezclan varios mercados de menor tamaño y en este momento, mucho más tranquilo por el tema de la bajada del turismo y demás.

El mercado se divide en varias partes, pero principalmente tienes una parte al aire libre (como todo buen mercado nocturno) y otra bajo techo, como la foto anterior. No es difícil de localizar desde la parada de LongShan Temple:

Tras dar una vuelta alrededor de este y descubrir con horror que en alguno de los sitios se sigue sirviendo sopa de serpiente nos dirigimos a un puestecillo que conoce Scarlett donde sirven un plato típico taiwanés: la tortilla de ostras.

Lo cierto es que de sabor…bueno, ¿a qué sabe una ostra lavada y calentada con huevo y harina? Pues eso es, básicamente. No me ha desagradado, pero la textura es la que ha podido conmigo y no me he terminado el plato. Costaba alrededor de 1’70€ así que no es una gran pérdida tampoco.

Ahora que veo la imagen mejor me doy cuenta de que parece una tortilla con ojos pequeñitos, pero que va, estaba bien pero tampoco son croquetas, a ver si me explico…

Terminamos el primer día de nuestra visita prácticamente muertos de cansancio, con David y yo buscando la boca del metro más cercana para volver a casa con la promesa de Scarlett de vernos mañana y continuar cononciendo esta curiosa ciudad.

Hasta entonces, ¡un abrazo enorme viajeros!

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