Descubriendo Maastrich

Sobre todo a pronunciarlo

Con Tracy y Lorena ya de descanso, habíamos planeado una visita a la cercana ciudad holandesa de Maastricht, que muchos conoceréis por aquél tratado de la UE y yo recuerdo por un cómic que tenía de «Mortadelo y Filemón». Las cosas de la adolescencia 🙂

Maastricht está a apenas media hora en tren de Lieja, de hecho comparten el mismo río y es posible ir en barco de una a la otra. La estación de Lieja, la principal, diseñada por nuestro queridísimo Santiago Calatrava, lo cierto es que es un espectáculo:

Por ocho euros tienes el billete de ida y vuelta. Los trenes no es que sean una maravilla, pero para ser un cercanías internacional estaba muy bien.

Maastricht es una ciudad principalmente de compras, en gran parte turística pero he tenido la sensación de que no había mucho contenido; si, bonita para visitar y tomarte algo tranquilamente pero poco que ofrecer en lo cultural. De todas formas no era ese nuestro objetivo, así que misión cumplida.

Lo más llamativo, sin duda, el mercadillo central, un flea market muy entretenido.

Si, aquí también hay churros. No me he atrevido a probarlos porque todo el mundo sabe que los churros a las 11.00 AM caducan en todo el planeta a la vez y te deja solidario para todo el día. Es así.

La ciudad en sí era muy atractiva, tanto por el paseo alrededor del río como por algún que otro callejón con muchísimo encanto:

Echado el día y tras haber probado el café más asqueroso del mundo en una de esas franquicias de gofres que había por el centro, volvemos a casa para cambiarnos e ir a cenar algo «ligerito». Sobre todo si eres un mamut y eres capaz de comerte un colchón empanado.

Y de postre, chupitos de «peket», que son como los chupitos que te tomabas de adolescente cuando habías superado lo de emborracharte mezclando refresco de naranja y cola: que no picaban, vamos.

El que parece que estaba cortado efectivamente estaba cortado. Pero le eché huevos. Sigo vivo.

Y con un buen paseo como está mandado y recomendado por los médicos nos volvimos a casa, agonizando después de semejante festín para celebrar lo mejor del viaje: nuestra amistad.

¡Un abrazo a todos!

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