Descubriendo Lieja

El norte de Valonia

Aprovechando una oferta de Ryanair por 77 euros de ida y vuelta me he venido unos días a Bélgica, concretamente a Lieja…o Liege, o Luik depende del idioma que hables, porque esta gente charla un montón.

Aquí viven dos buenas amigas mías, Tracy y Lorena, que amablemente se ofrecieron a acogerme en su enorme sofá cama. Otra forma de viajar, ¿no?

Lieja se sitúa al sureste de Bruselas y al noreste de Charleroi, está dentro de la región de Valonia, que comprende más o menos la mitad sur del país, creada en 1970 debido a las peticiones del movimiento valón. Con V, si, no lo he puesto mal dos veces.

La llegada ayer jueves, pese a todo pronóstico, fue muy tranquila. Hasta conseguir dormir en el avión un rato, algo poco común en mi en vuelos tan cortos y más rodeado de gente cuya mayor afición durante el vuelo era cambiarse de asiento constantemente. Tracy y su padrino me recogieron en el aeropuerto de Charleroi y de ahí directos a Lieja.

Tracy y Lorena viven en un piso muy acogedor a unos veinte minutos andando del centro de la ciudad, que permite ir y venir sin tener que meterse en transporte público. Cómo complemento, en el piso vive el gato de un vecino que solo viene a comer como si fuese un hijo adolescente en plena ebullición hormonal y de banda sonora un par de vecinos gritones pero que son unos cobardes y no llegan a matarse entre ellos. Cena con espectáculo 🙂

Cuando llegamos Lorena ya llevaba dormida unas horas ya que se levantaba a las 4.30 para trabajar, pero como aquí amanece super pronto (creo que a las 5 y algo ya tienes buena luz solar) me dio la sensación de que era hora de levantarse. Ni hablar; iba a esperar a Tracy hasta que ella saliese a las 11 para ir a su trabajo.

Me enseñó los puntos estratégicos para orientarme en la ciudad, como dónde estaba su trabajo, el de Lorena y la Catedral de Lieja para que se hiciera difícil perderme, aunque después de haberme pateado todo Katmandú y haber vuelto cada noche a casa no me preocupa lo más mínimo.

Las primeras visitas han sido las típicas: la Catedral de Lieja, la Colegiata de Saint Jacques, la Colegiata de Saint Denis y la antigua catedral de la ciudad antes de la actual, la de Saint Lambert, derribada en el siglo XVIII. El centro de la ciudad, como cualquier otro, está repleto de tiendas y restaurantes orientados al turista principalmente pero veo también local.

Aquí tenéis un poquito de la catedral. El Cristo sobrevuela el templo a una altura de vértigo. Verás tú para limpiarlo.

La Colegiata de Saint Jaques me recuerda a mi post-adolescencia estudiando en el Holy Child Jesus de Hastings, en East Sussex, Inglaterra. Supongo que será por el estilo del edificio, o porque tienen el mismo olor a desvan cerrado desde el siglo XIV.

Tras un paseo rápido por un Mediamarkt cercano para reponer mis auriculares, caídos en batalla, sigo visitando el centro: la plaza de Saint Lambert, donde antaño existía la catedral original de la ciudad derribada hace unos siglos. Hoy día conservan el trazado en el suelo y han dejado unos pilares metálicos decorativos:

Cerca también se encuentra el Teatro de la Ópera, muy llamativo con esa intervención arquitectónica moderna.

Cositas curiosas:

-La inmigración aquí es inmensamente superior a la que conocemos en España. Pero de lejos, vamos. Supongo que serán ya hasta de tercera generación, porque son casi todo jóvenes. Veo que pasa como en otros países: los inmigrantes están juntos pero no revueltos. Según la zona, me dice Lorena, hay más o menos conflicto. Hemos pasado entre grupos de marroquíes celebrando el final del Ramadán y ni una mirada.

-Aquí existe una salsa llamada andaluza hecha de tomate y pimentón que allí no hemos visto ni en pintura. La probé anoche en casa de Tracy y hoy en un turco con música technohouse de los 90 donde me estoy bebiendo tres cervezas y un bocadillo gigante con esa salsa por nueve euros con chicas que ponen rap en árabe y cantan a toda voz mientras intento escribir en el blog.

-Mucho ojito donde coméis en Lieja porque os podéis llevar un disgusto…o una sorpresa.

Finalmente a las 15.00 había quedado con Lorena, que adelantaba una hora su salida del trabajo, y con Malou, la madre de Tracy que es autóctona de Lieja. Un encanto al que solo conocía vía Facebook, y con quién nos hemos tomado una cerveza frente a la Catedral. Que conste que las cervezas las hemos quemado subiendo a este monstruo:

Trescientos y pico escalones que me recuerdan un montón a la subida a Swayambunath en Katmandú, solo que con menos monos al llegar arriba. Y hay pruebas de la subida, solo que son imágenes panorámicas que no puedo subir desde el móvil, cuando vuelva a Sevilla las pondré.

Finalmente emprendemos el retorno a casa. Tracy está en una cena con sus compañeros de empresa así que Lorena y yo nos haremos algo rico para cenar y veremos una película, que mañana vamos a cambiar hasta de país.

¡Un abrazo a todos!

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