Agradecimientos de un viajero

Antes de empezar os advierto (de nuevo) de que ésta es otra de esas entradas «peñazo» donde me pongo sentimentaloide agradeciendo todo lo que me he encontrado en éste camino, pero días después de haber llegado de vuelta a casa creedme que realmente es algo que necesito para «cerrarlo». Es como el chupito de limoncello de las cenitas de empresa (porque siempre son cenitas, en diminutivo, aunque te pongas hasta las trancas) pero de los blogs. Al menos del mío.

Un resumen para los despistados

En primer lugar hagamos un repaso, por si estáis desorientados. Éste viaje ha consistido en cuatro etapas: Nepal, Kuala Lumpur, Japón y Hong Kong, si bien es verdad que la parada en Malasia era sólo una long-stopover, que es como los modernos traducen las escalas-coñazo. Además hubo cambios en la ruta a última hora y en lugar de volver vía Doha lo hice vía Zurich, pero sin más molestias. Comencé a planificarlo allá por mayo, buscando distintas combinaciones de vuelos que me permitieran un viaje amplio y a la vez barato, comprando primero los vuelos, después el alojamiento y finalmente los gastos secundarios. De todos esos gastos hice un resumen en ésta entrada.

El viaje comenzó con mucha fuerza visitando sobre todo las ciudades de Katmandú, Bhaktapur y Lalitpur, las tres principales del valle donde se asienta la capital de Nepal. Las visitas se centraron sobre todo en templos y estupas, además de disfrutar de la gastronomía, la cultura, museos y vida cotidiana del país. Eran mi objetivo desde un principio. Durante esos diecisiete días conviví con la familia de Rashi y Rabina, dos simpáticos nepalíes que me han hecho el viaje muchísimo más fácil. Dejando Nepal atrás tomé un vuelo algo caótico hacia Kuala Lumpur, donde sólo estuve una noche antes de continuar hacia Japón. En Japón me alojé en casa de Yoshio, y paseé por sus calles acompañado de Hiroyuki y su mujer Kaori, que en un sólo fin de semana hicieron de mi estancia toda una experiencia. En Japón visité además de la capital, Kioto, Nara y Kamakura.

La última parada recaía en Hong Kong donde pasé sólo dos noches en casa de Min y Dani, una pareja catalana (aunque ella sea de origen chino) que ya había conocido el año pasado de camino a Bali.

Viajar sólo no es estar sólo

Este viaje se ha caracterizado para mi, sobre todo, por lo importante que es elegir las compañías que tendrás durante el viaje. Probablemente de no haberme cruzado con las personas que he citado antes probablemente la experiencia hubiese sido mucho más vacía y quizás menos memorable. Es quizás el motivo principal por el cual utilizo AirBnB para alojarme; las personas. Admito que las estancias sería mucho más cómodas en un hotel pero perdería ese carácter cercano que tanto me gustó de los viajes anteriores. Por eso quiero agradecer, como decía al principio, éste viaje a esas personas: a Rishi, Rabina y sus dos adorables hijas, Leia e Ishani, porque prácticamente me sentía como un familiar lejano que viene de visita. Las tardes se hacían tremendamente divertidas con las pequeñas correteando por toda la casa haciéndome jugar con ellas a cualquier cosa que se les ocurriera. O comiendo pizza, que a ninguno se nos da mal.

Además también conté con Charlie, que también se alojaba en casa de la familia, compartiendo no sólo gastos, sino charlas e impresiones acerca de lo que fuimos viendo en Katmandú. No era el único que pensaba que lo que otros llaman «bares con encanto» yo lo llamo «eso tiene más mierda que veinte jamones».

Darles las gracias también a Hiroyuki y Kaori, que siendo amigos de mi casero y no conociéndolos de nada no tardaron ni un segundo en hacerme sentir como un amigo, con un trato cercano y amable, no sólo por lo respetuoso sino por ese sacrificio que supone dejar tu fin de semana aparte para llevarte a un desconocido de tour por una ciudad que estarás harto de ver. Cuando vengan a Sevilla espero que traigan buenos zapatos.

Y finalmente Min, en Hong Kong, que a pesar del cansancio del trabajo aún sacó un rato para irnos a comer fuera y para visitar una preciosa y agradable isla cercana que probablemente no hubiera visto de no haber sido por ella. Si bien me hubiera gustado ver a Dani también éste se encuentra precisamente en Barcelona haciendo algunos cursos de carácter profesional.

En todos los casos, en los tres países, es algo que recalco normalmente y que me gusta haceros saber: viajar sólo no es estar sólo. Simplemente distribuyes el tiempo y tus planes de otra manera, pero si uno quiere y se abre a los demás, jamás estará sólo. Y esto no sólo sirve en los viajes, sino en toda una vida. Que no deja de ser un viaje al fin y al cabo.

Y los más importantes: vosotros.

Pero ellos no han sido los únicos que me han acompañado durante el viaje, ha habido muchos más; todas esas personas que día tras día leíais y comentábais las entradas ya fuese por Facebook o en el propio blog, o me hablaseis en privado para decirme que les estaba haciendo «viajar» al mismo tiempo. Esto significaría que habría cumplido uno de mis objetivos con ésta página, lo cual me hace tremendamente feliz y me motiva muchísimo para seguir escribiendo y empezar a pensar vagamente en cuáles podrían ser los próximos destinos, pero os puedo adelantar que eso será algo que haremos entre todos. ¡Estaos atentos!

De nuevo gracias, a todos y a algunos que seguro que me dejo sin citar, por hacer de éste viaje algo único, como deberían ser todos los viajes. En los próximos días tendréis nuevas entradas acerca de cómo encontrar vuelos baratos, trucos para ahorrar mientras viajáis, cotillearemos destinos turísticos para empezar a ver dónde podría ir en 2018… ¡No nos vamos a aburrir ninguno!

Hasta pronto, viajeros.

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