Regreso a Hong Kong

 In Asia, China, Favoritos, Hong Kong

La isla de Peng Chau y otras maravillas.

Apenas me quedan algo más de veinticuatro horas en tierras asiáticas pero me niego a desaprovecharlas. Ayer todo mi día consistió en coger el vuelo desde Haneda, en Tokio, sin haber dormido desde la mañana anterior (mi insomnio, que aparece de golpe sin avisar) para llegar por tercera vez a Hong Kong. Del aeropuerto a casa de Dani y Min, de los que ya hablé en su día, en un tren rapido desde el aeropuerto, cambio en la Island Line y de ahí a Sai Ying Pun, donde me encuentro ahora. 

Hoy sin embargo como Min tenía el día libre (Dani está en Barcelona ahora mismo) decidimos ir a alguna de las islas que rodean a la propia isla de Hong Kong, en este caso y a última hora nos decidimos por Peng Chau. Yo no había ido nunca y Min tampoco, así que en plan aventura cogemos el ferry desde la terminal Central y allá que nos fuimos. Todo un acierto. 

La isla de Peng Chau está a media hora de Hong Kong, el ferry cuesta entre 15 y 29 HKD (entre 2-4 euros, segun si es ferry lento o rápido). Es una isla casi de descanso, de casas pequeñas y bloques de pisos no muy grandes, con muchos jardines, restaurantes y paseos, un parque enorme que sube hasta Finger Hill, el pico más alto de la isla que apenas llega a los cien metros de altura. 

Tambien me llaman mucho la atención los callejones y mercados que se montan en ellos. Aún estoy deseando saber que son todas esas cosas que se venden en bolsas, cajitas y que cuelgan de todos lados. No estoy seguro de si se comen o de si es algo medicinal, pero quiero saberlo.

Encontramos también una pequeña lonja de pescado y otros regalitos del mar. 

Mala pinta no tenían, desde luego. Min y yo decidimos buscar un sitio para comer pero como casi todo está en chino, le dejo a ella decidir y fue fácil: tallarines de arroz con pollo y verduras. Gloria. 

Vale, brilla como pestiño bajo la luz de un escaparate pero por cuatro euros estaban muy ricos. Buena cuenta he dado de ellos, y picantitos además. 

Tras una cervecita para empujar, nos asomamos a la costa a disfrutar de las vistas. Y que vistas, amigos. A sólo treinta minutos en barco del centro.

Y ya se nos va haciéndose noche, así que volvemos a casa justo a tiempo para echarnos una siestecita y recomponernos antes de salir a cenar y a celebrar que mañana vuelvo a casa, si es que alguna vez me fui. 

Del viaje aún queda una entrada de resumen total y como ya os dije esto no termina aquí: a partir de ahora veréis entrevistas, análisis de destinos, ofertas, trucos, hoteles, restaurantes y empezaré a buscar y preparar el destino del año que viene. ¡Queda mucho TomaViaje por delante!

Un abrazo viajeros 🙂

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