El gran buda de Kamakura

 In Asia, Favoritos, Japón

Creo que los pies se me están haciendo pezuña de tanto andar. Ahora mismo tengo los dos en remojo, como si fueran dos kgs de garbanzos, y no los siento. Estoy pensando de hecho a qué altura sería mejor cortar, pero ya mañana si eso decido, hoy no puedo más. 

Empiezo la mañana sobresaltado: ¿os he contado que las sirenas de bomberos de Tokio suenan como las alarmas típicas de que viene un puñetero tsunami? Pues imaginad seis o siete juntas. De hecho juraría que estaba soñando con un bombardeo o algo así, no lo tengo claro. El caso es que con una ducha rápida me he puesto en marcha hacia Kamakura, una ciudad al sur de Tokio fácil de alcanzar con un tren de la JR y en 40 minutos estás allí. Cómo truco, coged el que haya hacia Zushi. Si, eso es, como la comida. No hay posibilidad de fallo desde la estación de Tokio. 

Kamakura es una ciudad costera muy pequeñita, muy tranquila y que contiene uno de los grandes tesoros de Japón: el Daibutsu de Kamakura. Una escultura de bronce de hace 700 años situada en un templo en las inmediaciones del pueblo. El Buda en si…en fin. Sin palabras. 

No se si es la expresión calmada de su cara, pero en plena concentración. La pose de las manos, la cabeza ligeramente inclinada hacia delante…el caso es que tiene «algo» que para el tiempo un segundito para que lo vuelvas a mirar. Solo en el templo se fue una hora y eso que no tiene mucho más… La entrada cuesta 300 yenes, aunque hubiera pagado mucho más si hiciera falta. Si venís a Japón este es unos de esos puntos que os van a dejar enamorados del país. 

Curiosamente el Buda está hueco y su interior es visitables por 20 yenes. No es que sea una gran visita, pero veinte yenes es lo típico que te encuentras en el pantalón al llegar al hotel y no sabes que hacer con ellos. Pocos budas son visitables en su interior, por no decir ninguno. Ya que estáis ahí…pues se entra. 

Del Buda salgo hacia otro templo que también me habían recomendado, muy cerca de este anterior. Y sinceramente, aunque era otro espectaculo…me ha decepcionado bastante. Veréis, en Nepal es habitual que los templos se sostengan con las ventas internas o los alquileres a restaurantes y demás, pero en Japón no lo había visto aún. Un segundo, paso a paso:

El templo se llama Hase-dera y se compone de varios pabellones en una colina e incluso dos pequeñas cuevas. 

El templo en si es bonito, los jardines están especialmente cuidados…pero decir muy masificado es poco. Es el típico sitio donde llegan toneladas de extranjero en grupos con guía vociferando maldades a lo lejos guiándolos cual pastor a su rebaño en tierras de pasto. Había gente por todos lados, en todo momento, en cada rincón del templo. Muchísima más que en el del gran Buda, que es mucho más pequeño. Este tiene la relevancia de albergar el Buda tallado en madera más grande de todo Japón. Ponía que no se podían hacer fotos pero como el cartel estaba en japonés y yo aún no lo entiendo pues…

Precioso, la verdad. Pero volviendo a la queja inicial, me ha «molestado» que hubiese tantísimas tiendas dentro. Había casi más tiendas que templos para visitar, de ahí la cita a Nepal. En Katmandú es entendible, con un terremoto tan reciente y tan pocos recursos, pero aquí tenían un restaurante mirador con precios dignos de la capital. No se, me he ido pronto. Eso si, con alguna fotillo curiosa.

Dejando el templo atrás y a las hordas de visitantes sigo bajando pueblo hasta la playa: no había nadie. Vamos, casi nadie. Lo normal para ser casi diciembre aunque el clima es bastante suave, quizás algo más que en Sevilla. Casualidad, que me pilla el atardecer.

Hora de volver y de luchar contra la bestia más horripilante de todo Japón: la hora punta. No es lo de apretar a la gente contra los vagones, pero casi. Cuarenta y cinco minutos de pie colgando de la asita esa gris que parecía ya un lomo embuchado. Llega a volcar el vagón en ese momento y no se hubiese ni abollado, de la gente que había. Cada vez que frenaba allí no se movía nadie. Normal que haya tantos embarazos…

En lugar de ir a casa a terminar de morir, decido apretar un poco más y me bajo en Shinjuku para subir a un mirador gratuito: el Ayuntamiento Metropolitano. Ojito a las vistas.

Si «Blade Runner» es el futuro que nos espera, yo creo que va a empezar entre Tokio y Hong Kong, a la que por cierto parto en breve. Mañana por la noche (para vosotros en España serán sobre las 4 de la tarde del viernes) salgo para mi último destino antes de volver a España y así rematar este increíble viaje en la ciudad en la que lo empecé el año anterior. Será una buena despedida, sin duda. 

Hora de dormir, que va siendo el momento. Y si te ha gustado recuerda…¡Comparte con tus amigos, que es gratis! 🙂

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