Despedida de Nepal

Parece mentira que hace «ná y menos» estaba echándole fotos al Himalaya llegando a Katmandú. Eso fue hace más de dos semanas y se me ha pasado como un suspiro aunque por lo intenso del viaje me hayan parecido meses, pero es al final de todo ese tiempo cuando te das cuenta si ha merecido la pena o no. Y amigos viajeros, debo deciros que Nepal es otro de esos destinos que merece mucho la pena conocer. 

Eso si, con cautela: si Nepal fuese una persona seria alguien complejo y enrevesado, difícil de conocer a simple vista, incluso arisco e inaccesible según te plantas delante, pero una vez estás ahí, metido en faena y dispuesto a abrirte a lo que te ocurra, se convierte en un lugar fascinante. 

Toca recapitular para ordenar ideas: llegué a Nepal con mucha fuerza y con un pedazo de upgrade gracias a Qatar Airways y empecé  explorando los barrios de Thamel y la Durbar Square de Katmandú, que fue una decepción absoluta, cara y poco rentable para lo que tienes para visitar dentro. Para quitarme ese mal sabor de boca fui a visitar Lalitpur o Patan (que son lo mismo) que fue toda una sorpresa dentro del caos nepalí y la cual me dejó completamente enamorado del lugar. 

Seguí explorando Katmandú y visite dos de sus mayores templos budistas, Swayambhunath y Boudanath; sabiendo que siempre me ha interesado está filosofía para mí fueron dos descubrimientos, dos oasis dentro de la caótica capital nepalí. A ambos, por cierto, he vuelto dos veces; a la primera en un walking tour por Katmandú y a la segunda intentando visitar de manera infructuosa el Monasterio de Kopan

Para cerrar el triángulo sagrado fui a visitar Bhaktapur, la ciudad de los devotos, y cuya Durbar Square al igual que la de Patan merecía totalmente la pena visitar con calma y darse un paseo con calma por sus calles empedradas y estrechas. Da la coincidencia de que mi anfitriona, Rabina, es de Bhaktapur. 

Obviamente un viaje tan intenso cansa bastante así que los días que me he quedado en casa para descansar han dado mucho de sí, tanto para contaros un poco de la gastronomía de Nepal como algunas curiosidades de sus habitantes, el coste de muchos productos de uso cotidiano y de ahí hasta hacer una mudanza, y como no, reflexionar acerca del propio viaje que siempre se me hace necesario.

Pero mañana tocan cambios. A las 14.40 sale mi vuelo hacia Kuala Lumpur, la capital de Malasia, donde pasaré solo una noche para al día siguiente salir hacia mi próximo destino y que seguro me va a encantar porque llevo años queriendo ir: Japón. En principio visitaré Tokio y Kioto, y para la primera ciudad por suerte cuento ya con un guía local (amigo de mi casero, una maravilla) que me va a introducir en la apasionante vida de la capital nipona. 

(Nipona suena guay, como a juguete de última tecnología). 

Hoy me he medio despedido de mis magníficos anfitriones nepalíes de los cuales pienso hacer una extensa reseña tanto en AirBnB como aquí en el blog por si alguna vez venís a Nepal. Sin ellos, la experiencia hubiese sido otra muy diferente. 

Gracias a todos por seguir esta etapa, ¡mañana más!

Buenas noches viajeros 🙂

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