Una mudanza nepalí

Si, una mudanza. Superad eso, bitches.

Lo de hoy ha sido, como decirlo… Extenuante. Meter una casa de tres plantas, dos cocinas, un salón y dos terrazas en un apartamento del tamaño de mi piso. Os cuento:

La familia con la que vivo, Rishi, Rabina (los padres) Leia y Ishani (las niñas) decidieron hace meses vender la casa donde vivían hasta ahora para poder construirse una nueva más grande y mejor. Para ello han tenido que irse a un apartamento más pequeño y barato, para ahorrar, y así poder empezar a construir la nueva. Cuando aceptaron mi estancia con ellos aún no sabían exactamente la fecha en la que tendrían que mudarse, y en principio iba a ser el día 24 de noviembre, justo después de irme yo para ahorrarme las molestias. Pero se han precipitado los acontecimientos y han tenido que mudarse hoy.

Obviamente Charlie y yo, que estamos viviendo en su casa como huéspedes, no íbamos a dejarles tirados así que les hemos echado una mano con toda la mudanza. Y qué mudanza. Entre ellos dos, la hermana de Rabina, cuatro o cinco amigos más y nosotros dos hemos trasladado una cantidad ingente de libros, útiles de cocina, juguetes, camas gigantes de madera, alfombras y otros tantos muebles que pesaban como si estuvieran hechos de hormigón de una casa a la otra, que por suerte está cerca y es un bajo.

Aquí vemos a Charlie con un gesto entre alegre, desconcertado y desesperado ante la marea de cosas random en el salón del nuevo apartamento:

En todo el día apenas he comido un té y unos momos, y ahora para cenar unos fideos chinos instantáneos de esos que tanto me gustan porque la cocina está impracticable. Y bueno, podéis llamarme tonto, y durante un momento me he sentido un poco subnormal haciéndole la mudanza a unos «desconocidos» pero luego se me ha pasado pensando que tengo justo lo que venía buscando: una experiencia diferente a la que cualquiera puede tener en Nepal. Pero diferente de cojones, vaya. Además, si como ya os decía antes me he sentido en familia todo el tiempo, pues esto es lo que hacen las familias. Aunque sean postizas y temporales, qué más dará, familias son.

Así que por muchos blogs que leáis, por muchos vídeos en YouTube que busquéis, en ninguno vais a ver una mudanza en Nepal. Igual porque ninguno es tan torpe de caer en este deslome tan gratuito pero como yo soy de los que cree que echar una mano no cuesta tanto y como dice la ley del karma que tarde o temprano acaba volviendo pues mira, eso que me llevo.

Y lo bien que voy a dormir yo esta noche ¿qué?

Espero que vosotros también. Mañana prometo darme una vuelta y contaros más cosillas de Nepal, que aún me queda hasta el martes para seguir correteando por estos lares. El miércoles ya pasamos a la segunda y breve etapa de Malasia, antes de tomar rumbo a Japón.

¡Buenas noches, viajeros!

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