Una ruta a pie por Katmandú

Aunque durante estos ocho días que llevo en la capital de Nepal ya me ha dado tiempo a ver casi todo lo más reseñable (apenas me quedan algunos monasterios importantes, y repetir Patán o Buddhanath), hoy me he animado a hacer un tour a pie acompañado de un guía local, Shiva. (Si, como el dios hindú). 

El tour ha comenzado en los Garden of dreams, en el barrio de Thamel. Allí nuestro guía nos ha explicado un suceso muy llamativo: cómo el príncipe heredero de uno de los últimos reyes de Nepal, tras saber que no podía casarse con quién quisiera, se emborrachó y protagonizó una masacre asesinando a casi toda su familia excepto a su tío. Al matar a su padre se convirtió en rey, pero le sirvió de poco: al terminar la masacre se pegó un tiro quedando en coma durante tres días durante los cuales reinó. Es decir, que fue rey desde la cama del hospital. Al tercer día falleció y curiosamente heredó la corona el único superviviente, un familiar que estaba en Pokhara de vacaciones. Dicen que fue ese familiar, junto con los servicios secretos de otro país,  quienes realmente orquestaron el regicidio ya que no aceptaba el cambio de la antigua monarquía absoluta a una parlamentaria. De poco le ha valido, porque ahora este país es una república. 

Tras la introducción caminamos hacia Durbar Square, qué ya había visitado y que os comenté que no merecía la pena pagar porque apenas se puede ver una plaza y a la Kumari, si es que se asoma. Fuimos visitando varios templos de las dos religiones principales, hinduismo y budismo, alli también nos ha explicado que los budistas  pintan cada año las estupas y por eso parecen  «nuevas», pero lo que más me ha llamado la atención sin duda es esta pequeña plaza más allá de Thamel:

En la plaza, presidida por una estupa, hay cuatro grandes monasterios cada uno dedicado a las cuatro grandes ramas del budismo. Por suerte pudimos entrar a uno de ellos y aunque están prohibidas las fotos…tú sabes, para una vez que vengo prefiero llevarme una bronca a irme con la espinita clavada de vuelta. 

Dentro los monjes oraban cantando, y lo cierto es que era absolutamente hipnótico. Podíamos caminar alrededor de ellos, siempre en el sentido de las agujas del reloj y empaparnos del ambiente tan magnético. Un lujazo. 

De ahí vamos haciendo camino para volver a subir a Swayambhunath, el templo de los monos, al que ya había subido. Antes nos paramos en otro punto: un crematorio. Si bien existe el templo de Pasupatinath ese es para todo hinduista de la ciudad. Este crematorio en cambio era y es utilizado por las pequeñas comunidades newarí (el grupo dominante en el valle) muy cerca del río. Allí Shiva nos ha contado que se crema a todo hindú salvo cinco excepciones:

  • Las embarazadas
  • Los niños a los que aún no les han salido los dientes
  • Los leprosos
  • Aquellos que hayan fallecido por la picadura de una cobra.
  • Los yoguis, es decir, los ascetas que han rechazado la vida mundana. 

Y si, tiran los restos al río y no siempre son cenizas, no sé si os imagináis… Por suerte y por primera vez después del terremoto están construyendo enormes muros para contener el agua porque en época de lluvias el nivel sube tanto que inunda ambas orillas. Si, eso es: toda la mierda que se ve en la foto alcanza las casas. No me quiero imaginar el olorcito al día siguiente…

Cruzamos el río y tras una parada para repostar combustible con un té de limón y miel y un dulce, empezamos a subir hacia el templo. Cómo la primera vez, me resulta fascinante. Pero ya en lo que me queda de estancia no subiré mas, que vaya el dolorcito de pies. 

Las dos últimas fotos se corresponden con la parte trasera del templo, que no había visto en la primera subida y además ir con un guía local te cambia toda la perspectiva y accedes a una información que no hubiera tenido de otra forma. 

Y así comenzamos la vuelta, con más hambre que un perrito chico, para hacernos una foto con Shiva y agradecerle económicamente (era un tour gratuito) la gran visita, las explicaciones y las cuatro horas que ha durado. Pondré un enlace a su página por si venís alguna vez a Katmandú, ya que es una buena forma de iniciarse en esta compleja ciudad. Además el grupo ha resultado ser muy majo, con un señor canadiense, una pareja holandesa (curiosamente ella vendrá a Sevilla justo cuando yo vuelva) y Charlie. 

Cada día me gusta más esta ciudad, pero al mismo tiempo ya voy teniendo ganas del siguiente destino. De eso se trata, ¿no? 🙂

¡Buenas noches, viajeros!

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