Y así termina mi segundo gran viaje

Pero habrá más.

Todo lo bueno termina, y éste viaje termina con cierta resaca (y en todos los sentidos).

La verdad es que esa última cerveza de medio litro sobraba, pero satisfecho y con ciertas ganas de volver a casa, me despido de mis anfitriones que tan bien se han portado conmigo y que me han hecho ver la ciudad de una manera totalmente diferente a cómo la conocí durante el viaje de ida hacia Bali, y que ha hecho que mi fascinación por Hong Kong crezca. Una gran lección: dadle siempre una segunda oportunidad a todo, incluso si la primera es buena.

Tengo que admitir que éste post lo estoy escribiendo desde las alturas, en éste vuelo hacia Doha que se me está haciendo interminable. Aún me queda llegar al aeropuerto, una escala de apenas dos horas, otro salto de seis horas y media hacia Madrid, coger un tren a Atocha, un AVE a Sevilla y un taxi que me deje en toda mi puñetera casa, que ahora veo tan lejos y tanto añoro pero que estoy seguro que no tardaré en volver a «abandonar» rumbo a nuevas aventuras, más pronto que tarde. Porque si, porque lo necesito.

Y espero que hayáis disfrutado de éste segundo viaje tanto como yo, y que si hay un tercero, y un cuarto y los que tengan que venir que me sigáis acompañando con vuestros tuits, mensajes, comentarios y demás porque es la parte más guay de un blog como éste, que no sólo va de contar lo que hago sino que me contéis vosotros vuestras impresiones, que me hagáis las preguntas que queráis y que si puedo ayudaros en algo, obviamente estaré encantado de hacerlo.

Entramos en la India, y quedan más de cinco horas de vuelo nocturno por delante. Creo que voy a pedirme otro vasito de vino, dejar que haga efecto la dormidina e intentar llegar a Doha de la forma más digna que pueda.

Muchas gracias por estar ahí. ¡Hasta el próximo vuelo!

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