Regreso a Bali

¡Por fin!

Dicen que a lo largo de nuestra vida iremos viendo pasar mil situaciones y ocurrencias distintas y que si se saben hilar, al final terminan contando la misma historia pero con otros nombres y con otros escenarios, pero la misma al fin y al cabo. Es bien sabido que la historia es cíclica y se repite una y otra vez.

La primera vez que vine a Bali tuve la suerte de vivir el primer cumpleaños de la pequeña Shanti, incluso sus primeros pasos cuando fuimos a Amed. Pues resulta que, designios del destino, este año he inaugurado mi visita con otro cumpleaños, el del pequeño Asha, hijo de un amigo de Mark. Esta vez, la familia era malaya en lugar de balinesa pero he disfrutado más si cabe:

Y qué decir…os recuerdo que en este país ser blanco es un handicap, no por racismo ni mucho menos sino porque aunque lleves aquí diez o quince años siempre serás un bulé, un pálido, un extranjero. Y justo en esos momentos es cuando la línea entre el que es de aquí o de allá se difumina y te sientes tan a gusto como me puedo sentir en Palomares o en Triana. Solo por estas cosillas vale la pena el viaje entero.

Además, que el sitio de la celebración no era un asco ni mucho menos…

Falta decir que se acompañaba de todo tipo de comida tradicional como cualquier buen evento que se precie: arroz blanco, opor ayam (una especie de revuelto de verduras con coco), manis tempeh (rebozado hecho con grano de soja), pollo en distintas variantes, pisang goreng (plátano frito) y demás delicias.

Pero esto fue ayer. Hoy, por ejemplo,tras un desayuno en condiciones como éste

Y ademas de un paseo por el centro de Ubud…

…he vivido uno de esos momentos que son bastante raros fuera de Bali pero que aquí son bastante comunes, quizás por el «aura» o ambiente o como queráis llamarlo y que da gusto encontrarse, como es simplemente cruzarte con una persona, levantar un tema de conversación random y te diga: estoy con unos amigos…¿quieres venir?

Justo ahí, creas dos mundos paralelos y simultáneos como si de un libro de «Sigue tu aventura» se tratase: si dices si, conocerás a gente nueva exponiéndote a todo lo que ello conlleva; si dices que no, te vuelves a casa tan pancho, a dormir, tu te lo pierdes. Pero vosotros me conocéis y rara vez digo no a ampliar las miras, así que la noche ha sido una larga velada con un americano, una pakistaní, dos australianos y yo manteniendo el pabellón español, enseñándoles a decir «MECAGOENTUSMUERTO» así, en el idioma de la Bética, tal como suena.

Todos nos llevamos algo de vuelta, desde luego.

Y con eso cierro el día. Esta semana tenemos pensado ir de nuevo a Amed o Nusa Penida tal y como os dije, y creedme que va a ser una pasada.

¡Buenas noches!

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