Interludio: ab intra

Para quienes no quieran perder el tiempo: hoy no he hecho nada interesante pero me apetece escribir. No sigáis bajando si no queréis leerme poniéndome místico.

Bueno, allá vosotros:

Todo viaje comienza con un paso y ese primer paso suele ser un deseo. El deseo de conocer nuevas culturas, de ver las cosas desde otro punto de vista, de probar nuevas sensaciones, de alejarte de algo o alguien o acercarte a otras cosas, de romper con la rutina… Suelen ser las motivaciones típicas para sentarnos ante un ordenador, seleccionar un destino, hacer un par de clics, poner nuestro numero de tarjeta de crédito y a volar…

…pero no ha sido mi caso, aunque si haya un motivo en concreto.

Tenéis razón, tengo suerte de estar aquí pero mi suerte no es estar aquí como tal, sino qué es lo que ha permitido que llegue hasta aquí. Por un lado el hecho de tener un trabajo que encima me gusta y que todos conocéis. Por otro, poder ahorrar lo suficiente gracias a no tener una necesidad urgente de independizarme del hogar familiar.  Y obviamente a mi familia y a mis amigos, y en general a toda aquella persona que a lo largo de todo este tiempo haya utilizado unos segundos de su tiempo para animarme en los momentos de duda o se haya alegrado porque sabía que hacer este viaje era uno de mis sueños (y sabéis quienes sois, no hace falta decirlo). Gracias, de corazón, a todos. No os las había dado.

Pero no se si mucha gente sabrá el motivo real que me empuja a venirme tan lejos y completamente sólo: demasiada comodidad. Por suerte tengo todo lo que necesito y soy feliz con ello (suele ser cuestión de aprender a serlo) pero no estaba creciendo. Estaba estancado, atrapado siempre dentro del mismo ciclo, como una sucesión de momentos agradables y cálidos pero repetitivos y extenuantes. Una jaula dorada que dirían muchos.

Es lo que solemos llamar Zona de Confort.

A todos nos gusta vivir tranquilos y sin sobresaltos, ¿verdad? en un entorno controlado, con caras familiares en lugares que podamos manejar con facilidad. Y eso esta genial, tener cierta estabilidad ayuda mucho a asentar ideas y a fijar planes… Pero poco a poco te va consumiendo. Te hace mas consciente de que el tiempo pasa por encima de todo y de todos, que nuestras familias van creciendo y un día no estarán, que nuestros amigos se casaran, tendrán niños o se irán a vivir aquí y allá, que el entorno poco a poco va cambiando y dentro de esa Zona de Confort lo único que no cambia somos nosotros. Seremos un recuerdo de nosotros mismos.

En diciembre de 2014 hizo cuatro años desde que volví de Barcelona y desde entonces salvando alguna excepción, me he dedicado a buscar dicha tranquilidad y oye, que bien sienta que todo esté en orden. Pero empezaba a notar una carencia, un agujero primero pequeño pero cada vez mas grande que en principio iba compensando con alguna visita a los amigos de aquí y allá, alguna escapada…pero todo comodidad, todo sitios conocidos y entornos fáciles.

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Eso es lo que me ha traído hasta aquí: salir de mi zona de confort. Tener miedo a lo desconocido. Sentir vergüenza al hablar con gente que no conozco en lugares donde no se moverme. A no poder hablar ninguno de los idiomas que conozco porque aquí solo el 10% es capaz de sostener una conversación en alguno de ellos. Definir mejor qué soy capaz de hacer y qué no. Aprender a aguantarme a mi mismo, como cuando charlo con mi propia conciencia e incluso debato sobre si he tomado buenas o malas decisiones en el pasado y cómo no, a meditar cuáles quiero tomar en el futuro.

(Hay una rana enorme agonizando en el jardín y hace un ruido insoportable)

¿Sabeis qué llegue a pensar en cancelar el viaje, recuperar mi dinero y quedarme tan a gusto en Sevilla como si no hubiese pasado nada? Hago un Sabina, digo que es pánico escénico y ya está. Fácil, ¿no? Anulo mi sueño, me digo a mi mismo cosas como “No era el momento” o “No seria para tanto” y punto. Pero esta vez he ganado yo y mis ganas de romper esa Zona de Confort. Y ojo, que hay muchas formas de hacerlo: dejando a esa pareja que no te llena, enamorandose sin miedo, cambiando de trabajo porque en el anterior son unos negreros, mudandote a otra ciudad en busca de oportunidades… Todo ello implicaecharle huevos a la vida y cuestionarte todo lo que dabas por hecho. Ponerse en duda a uno mismo y desordenar tu orden para volver a ponerlo todo en su sitio.

¿Recordais la tradición balinesa que dice que el Dharma y el Adharma (orden y caos) se sostienen en equilibrio gracias a las ofrendas de los balineses? Es el desequilibrio lo que les motiva a actuar, las pequeñas fisuras en su circulo de comodidad son las que les impulsan a hacer lo posible por restituirlo. Necesitan el caos tanto como el orden.

(Creo que la rana esta en celo)

En muchas de esas conversaciones que tengo conmigo mismo a diario mientras paseo calle arriba y calle abajo, o cuando me siento con Bintang a actualizar el blog o simplemente a hacerle fotos al atardecer me he descubierto a mi mismo echando de menos a algunas personas y olvidando por completo a otras, queriendo (volver a) ir a algunos sitios y deseando no volver a pisar otros. El caos esta restituyendo el orden a su manera y ¿sabéis que os digo?

Que gracias 🙂

Mañana quizás no pueda actualizar ya que me voy al noreste de Bali, a Tulamben, a pasar un par de días a casa de la familia de Mark. Pero prometo que a la vuelta os dejare un post magnifico con menos letras y mas fotos.

(¿Las ranas tienen celo?)

Gracias, de nuevo, sobre todo por estar ahí, que es quizás lo mas importante de todo.

Selamat malam!

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