Bendiciones de un chamán balinés

Una de las cosas buenas no, buenisimas que tiene venir a una isla donde la vida es tan tranquila (y mas viniendo de Andalucía, que sabemos vivir sin prisas) es que al final estas en tu salsa y te adaptas rápido.

Eso y que ir a la piscina del hotel de al lado me sale a menos de 3 euros todo el día.

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La piscina esta en la cuarta planta así que se está mejor que en brazos. En definitiva, que no he hecho mucho hoy a sabiendas de que mañana he contratado a un guía para ver los templos mas importantes de los alrededores (centro de la vida espiritual de todo Bali) y a las villas de artesanos que rodean Ubud, así que hoy no os daré mucha caña con el blog.

Eso si, como nota interesante añado que un chaman, abuelo de Mark, acaba de bendecirme. Y si un señor con mas años que el Monte Batur te bendice, tendrás que tomártelo en serio.

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El proceso me ha parecido hipnótico: primero ha sumergido unas flores blancas (las que están por todas partes y huelen tan bien) en agua; luego sujetando el agua ha cantado un pequeño salmo y con ese agua primero nos ha rociado la cabeza a Febby (la chica de la foto) y a mi; después con ese misma agua debes lavarte la cara y finalmente la derraman sobre tu mano de donde debes beber tantos sorbos como veces lo haga el sacerdote.

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Experiencias. Una detrás de la otra. Y me encantan todas ellas.

Selamat malam 🙂

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