Llegando a la isla

Toma de contacto

Hasta las tres de la mañana hora catarí estuve esperando para coger uno de los vuelos mas duros que he sufrido en toda mi vida. Si el primero de Madrid a Doha duró seis horas, el segundo desde Doha a Denpassar (la capital de Bali) ha superado por poco las nueve, y todo ello sin dormir más de veinte minutos seguidos. Claro que también he visto amanecer sobre la India…

Haciendo cuentas otra vez (pero esta vez de horas) me sale el siguiente resultado de vigilia:

(con horas españolas)

-Levantarme el lunes a las 5.30 AM
-Coger un AVE Sevilla – Madrid: 2h30min
-Trayecto AVE – Madrid Barajas Adolfo Suarez: 1h
-Vuelo Madrid – Doha: 6 horas
-Escala en Doha: 3 horas
-Vuelo Doha – Denpassar: 9 horas
-Transfer Denpassar – Ubud: 1 hora

Total de horas despierto: 34 horas

Y si, sigo vivo. Las ganas y el buen rollo de éste lugar me pueden.

Lo que más me ha impresionado de momento ha sido el tráfico de Bali. En Bali no hay normas ni leyes relativas al tráfico, sino «recomendaciones». De hecho, no he visto ni una sola señal de prohibición de tráfico, sólo advertencias, indicaciones y dos semáforos. La sensación constante es que VAS A MORIR. El conductor, Dewa, un  balinés super simpático que apenas habla inglés pero que dice que me parezco a Lorenzo (el de las motos), sortea el tráfico con habilidad con una sola herramienta: el claxon. Dewa me ha enseñado a pronunciar Terimah kasih (Gracias) y a decir Saya nama Toni (Me llamo Toni) o decir Saya mau… (Me gusta…). Pero que lo de conducir como un loco no es cosa de el, que va, sino todo el mundo. Motos que se cruzan aquí y allá, coches que cambian de dirección de improvisto, velocidades infernales y encima conducen como los ingleses, por la izquierda. ¿Que hay que meterse contramano? ¡Pues te metes! Mientras te hayan visto… El esfinter apretadito apretadito hasta llegar al que va a ser mi hogar las próximas seis semanas.

«The Onion Collective» es un conjunto de tres habitaciones y un restaurante donde hoy, justo ahora mismo que estoy escribiendo, tienen una fiesta «open-mic» donde canta quien quiera y lo que quiera. Le he metido mano ya a un plato que llevaba ternera, arroz y verduras y a unas cuantas cervezas como las de la foto.

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Y mojitos, vale. De hecho me he venido a escribir antes de que Mark, mi anfitrión, siga cobrándomelos un 30% más baratos. He comprado también un paquete de Marlboro que me ha costado 15.000 IDR (1,12 euros) y que sumado a mi cuenta de la comida, dos cervezas y dos mojitos han sido 230.000 IDR (15 euros).

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El ambientazo como veis es brutal. Mark se ha dedicado a presentarme a gente que viene aquí habitual, como Niels, un alemán que es diseñador gráfico y vive «aquí y allá» y lleva puesto un sarong (pareo) y un turbante. También me ha presentado a Diana, Joy, Marcia, Kelly, Jay y uno más que no recuerdo. En las fotos se ve más o menos de qué va este lugar.

Un lugar del que ya he puesto una foto y es fantástico: una cama enorme, un baño con una ducha gigante, una pequeña y tranquila terraza y ligeramente alejado del ajetreo del centro de Ubud pero a cinco minutos andando, como quien dice.

Lo cierto es que nada más aterrizar me he dado cuenta de que éste es un lugar especial, y si en un sólo día el devenir natural de las cosas han sido las que veis, no quiero ni pensar en los cuarenta días que me quedan por delante.

Ahora si, me vuelvo al jaleo que lo he prometido. Y aunque en España sean las 3 de la tarde aqui ya es hora de decir Selamat malam!

¡Buenas noches!

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